Buscando la luz.

El túnel parecía no tener fin. Las paredes se notaban húmedas al tacto, ya que en la oscuridad total se tenía que ir a tientas para no tropezar con nada. Se respiraba un ambiente antiguo.  Solamente el eco que en cada paso del grupo resonaba en la pared, era la única orientación que tenía el grupo para seguir adelante. Eran nueve personas caminando en fila, demasiado cansadas para hablar y demasiado asustadas para detenerse a descansar. Nadie recordaba exactamente cómo habían llegado allí. Algunos decían que habían entrado por una puerta abierta en medio de una espesa niebla; otros juraban haber despertado directamente en la oscuridad. Lo único seguro era que estaban perdidos y desorientados.

Después de muchos pasos y mucho miedo, al fondo del túnel se empezó a ver algo de luz, algo de esperanza. Era pequeña, apenas un punto blanco en la distancia, pero era lo suficiente para mantenerlos avanzando. Cada vez que alguien dudaba en seguir adelante y abandonarse a su suerte, bastaba mirar aquella claridad lejana para recuperar un poco de ánimo. Era extraña, casi irreal, porque no iluminaba las paredes ni el suelo. Solamente estaba allí .

—¿Y si no se llegamos  nunca? —preguntó en la oscuridad alguien del grupo.

Nadie respondió.

El eco de la pregunta rebotó por el túnel y volvió a ellos deformado, con una voz escalofriante, como si la oscuridad intentara burlarse de ellos. El que iba de líder, apretó la linterna apagada que llevaba en la mano. Las pilas se habían agotado hacía horas y desde entonces caminaban guiándose únicamente por la luz distante. El silencio y la humedad que ya se calaba en los huesos, comenzaba a pesar más que el cansancio.

A veces escuchaban cosas. Susurros suaves, pasos detrás de ellos, respiraciones ajenas. Pero cuando se giraban no había nadie, solo la oscuridad interminable devorando el camino recorrido. Eso era lo peor: no podían volver atrás. El túnel iba cerrándose a sus espaldas como si quisiera tragárselos. En momentos así las palabras de ánimos que se daban los unos a los otros, resultaban inútiles. Todos sentían lo mismo: miedo, agotamiento y una desesperación creciente que amenazaba con agotarlos por completo.Sin embargo, siguieron caminando con mucha fuerza de voluntad.

Con el paso de las horas, la luz empezó a crecer lentamente. Ya no era un simple punto; ahora dibujaba una forma más clara, casi una salida. El aire también cambió. La humedad del túnel se mezcló con una tenue brisa que ninguno había sentido antes. Aquello les devolvió algo que creían perdido hacía horas: esperanza.Entonces ocurrió algo inesperado. Un rugido ensordecedor atravesó las paredes. El suelo tembló bajo sus pies y pequeñas piedras comenzaron a caer desde el techo. Todos gritaron de pánico. Uno de ellos dijo -¡correr!.

Por primera vez desde que estaban allí, todos avanzaron sin mirar atrás y a paso más que ligero. La luz aumentaba con cada metro adelantado, brillante, intensa, casi cegadora. Pero el túnel también parecía resistirse a dejarlos ir.

El eco de sus pasos se mezclaba con aquel ruido insoportable que crecía tras ellos.

—¡Vamos! ¡Ya casi llegamos!.

La salida estaba cerca. Ahora podían verla claramente: una abertura enorme por donde se colaba una luz blanca y a su vez cálida.

El aire fresco se notó en sus rostros y por primera vez se dieron cuenta que el túnel realmente se estaba terminando.Con las últimas fuerzas que les quedaban corrieron, y justo antes de cruzar la delgada línea que existe entre la luz y la oscuridad, todos sintieron lo mismo: que aquella oscuridad no solo estaba detrás de ellos, sino también dentro. Como si el túnel hubiera les hubiera dado la oportunidad de cambiar sus vidas.

 


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